El 1 de diciembre de 1878 la expedición del Comodoro Luis Py –compuesta por el monitor “Los Andes”, la cañonera “Uruguay” y la bombardera “Constitución”, con un destacamento de Artillería de Plaza integrado por cincuenta efectivos iza el pabellón nacional en Cañadón de los Misioneros, sobre la ribera del río Santa Cruz.

La Armada Argentina, brazo marítimo militar de la defensa nacional, cuenta como elemento principal para la consecución de los objetivos asignados en esta área específica, con la Flota de Mar. Estas palabras, sencillas, con más de un centenario de vida en la institución, encierran el significado de una compleja organización operativa, conformada por un conjunto de hombres, mujeres y buques, adiestrados y alistados para llevar a cabo su misión.

Los primeros antecedentes de creación de una fuerza naval en el país se dieron en los albores de la lucha por la Independencia. En principio conformadas de manera irregular fue parte de numerosas batallas navales que marcaron la necesidad de un componente adiestrado y alistado de manera constante. Tras adquisiciones y fabricaciones de buques de diferentes portes recorrió más de doscientos años de historia.

Esta se remonta a las primeras luchas por la Independencia ya que las continuas batallas a partir de 1810 hicieron necesaria la creación de una fuerza marítima, que comandó el Almirante Guillermo Brown.

A principios de 1811, Montevideo fue nombrada capital del Virreinato del Río de la Plata en reemplazo de Buenos Aires, declarada en rebeldía, y desde allí el nuevo virrey español, Francisco Javier de Elío, siguió intentando recuperar los territorios insurrectos de la cuenca del Plata.

El diputado por la provincia de Salta, Dr. Francisco de Gurruchaga, planteó la necesidad del dominio de las aguas. Fue uno de los organizadores de la Primera Escuadrilla patriota de la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias, que se formó también en 1811, con la goleta «Invencible» comandada por Juan Bautista Azopardo, el bergantín «25 de Mayo» comandado por Hipólito Bouchard y la balandra «Americana» al mando de Abel Hubac. Tuvo como objetivo interrumpir las comunicaciones por los ríos del litoral entre los realistas de la Banda Oriental y también con el gobierno de Paraguay y apoyar a ejércitos y milicias patriotas.

Entre las batallas que significaron los hitos de la historia naval bajo el mando de Brown, se destacan el Combate de Arroyo de la China, el Buceo y el del sitio de Montevideo, provocando este último la rendición incondicional de Montevideo, por lo que la fecha en que ocurriera esta acción –el 17 de mayo de 1814– se la conmemora como el Día de la Armada Argentina.

En 1814 una nueva escuadrilla naval fue organizada por el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Su objetivo fue neutralizar el poder naval realista en aguas de la Cuenca del Plata.

Esta Tercera Escuadrilla patriota estuvo integrada en diferentes momentos de la campaña por buques como la fragata «Hércules», la corbeta «Zhéfir» (o Céfiro), la fragata «Belfast», la corbeta «Agreable» (o Agradable), el bergantín «Nancy», la goleta «Fortuna» (o Fortunata), la balandra «Carmen», la goleta «Juliet» (o Julieta) y fue puesta al mando del Almirante Guillermo Brown.

Años más adelante ocurrió un hecho que sería determinante para la consolidación de la Armada Argentina en el contexto histórico nacional ante el peligro que acechaba la soberanía en el sur patagónico.

Una división naval argentina al mando del entonces Comodoro Luis Py, conformada por la casi totalidad de la llamada Escuadra de Sarmiento, se alistó en tiempo récord trasladándose desde Buenos Aires y fondeando en la Caleta de los Misioneros en el río Santa Cruz el 1º de diciembre de 1878, alejando con esta presencia una concreta amenaza de usurpación territorial.

La expedición estaba compuesta por el monitor “Los Andes”, la cañonera “Uruguay” y la bombardera “Constitución”, con un destacamento de Artillería de Plaza integrado por cincuenta efectivos al mando del Mayor del Ejército Félix Adalid.

Años más tarde, durante 1884, la entonces Marina de Guerra, por especial encargo del Gobierno Nacional, envió una división expedicionaria a cargo del Coronel de Marina Augusto Lasserre, para establecer dos Subprefecturas Marítimas, una de ellas en Ushuaia. Este hecho permitió a la República Argentina ejercer sus derechos soberanos y aseguró la posesión definitiva de estas tierras, siendo la expedición del Comodoro de Marina Lasserre, la que hiciera flamear por vez primera la enseña celeste y blanca en la bahía de Ushuaia.

En años posteriores la Flota de Mar se renovó incorporando nuevos medios. Asimismo, intervino activamente en operaciones combinadas internacionales con las Armadas de diferentes países tales como EEUU, España, Canadá, Uruguay, Sudáfrica, Paraguay, Chile y Brasil con el que lleva más de treinta años compartiendo experiencias en el Operativo FRATERNO.
Desde entonces la Armada Argentina avanzó con el país y pasó por la época de los acorazados y de los portaviones, habiendo vivido acciones de guerra durante el Conflicto de Malvinas a través de las cuales se perdió al crucero ARA “General Belgrano” y resultó seriamente averiado el aviso “Sobral”.

La Armada Argentina se hace presente en los episodios relevantes de un mundo con nuevas amenazas participando activamente bajo el mandato de las Naciones Unidas destacando buques al Golfo de Fonseca en Honduras (1990), Operación Tormenta del Desierto en el Golfo Pérsico (1991) y en Haití (1994), entre otros.

La Flota de Mar es la organización compuesta por buques de combate y apoyo que constituyen el cuerpo medular del Poder Naval de la República Argentina.

La Fuerza de Infantería de Marina de la Flota de Mar y el Grupo Aeronaval de la Flota de Mar incrementan su capacidad operativa.
Su alistamiento operativo y adiestramiento en el mar le permiten llevar a cabo las misiones de protección y control del Mar Argentino, asegurando la preservación de sus recursos naturales, teniendo como asiento natural la Base Naval Puerto Belgrano, en la Provincia de Buenos Aires.

La lidera un Comandante de la Flota de Mar y para el cumplimiento de sus tareas está organizada en Comandos de División, asignándoles funciones específicas para la conducción de cada ambiente de la guerra naval.

Todo mencionado anteriormente no tendría valor alguno si no hiciéramos un alto en la derrota para hablar de los verdaderos protagonistas de este devenir histórico: los hombres y mujeres de la Flota de Mar.

Desde aquellos primeros gauchos y extranjeros sin saber por qué, o quién sabe animados por cuál espíritu de aventura, tripularon las primeras naves de la Escuadra de Brown, hasta los jóvenes e inquietos marinos que hoy operan nuestros complejos navíos, fueron siempre éstos los artífices para que la Flota de Mar alcanzara sus objetivos.

Son ellos quienes dan vida y alma a cada tonelada de metal y madera de la Flota de Mar. Quienes, con su cuota diaria de sacrificio y abnegación, llegan a ofrecer su propia vida en aras de un ideal, en defensa de la sociedad y sus valores. Los que, en su silenciosa y esforzada labor, logran obtener el máximo rendimiento de cada equipo, sensor o arma que operan a bordo.

Los hombres y mujeres son el factor primordial e insustituible de la Flota. Altamente calificados, preparados técnica y humanísticamente, se encuentra identificados plenamente con los valores trascendentales y supremos que atesora la sociedad de la cual provienen, integran y a la cual se deben.

Se encuentran convencidos, que la capacitación permanente es su inmediato desafío, para desenvolverse adecuadamente ante las eventualidades que les depare el futuro y bajo las exigencias que le impone el servicio, en un medio cada día más tecnológico y versátil.

Honor, lealtad, veracidad y camaradería son las virtudes que ennoblecen a los hombres y mujeres de mar, que no se amedrentan ante la adversidad, dado que llevan en la sangre el mismo amor a la Patria que sus antecesores de la gesta de la Independencia y una vocación que los impulsa a seguir adelante día tras día; demostrando en todas sus acciones afecto por su destino que los hace sentirse parte de él y preferir irse a pique antes que rendir el pabellón.

La Flota de Mar es desde sus comienzos una escuela de seres humanos infatigables y tenaces; marinos cuyo ideal es la defensa de la Patria en el mar.

Esa es su motivación y su compromiso. Por ella sus hombres y mujeres, custodios celosos del patrimonio que el pueblo de la Nación confía en sus manos, se educan y adiestran para emplear cada buque al máximo de sus capacidades, imbuidos de coraje, fortaleza y templanza, para enfrentar las fuerzas del combate, sobrellevar los embates de la naturaleza y custodiar todos los días la soberanía de los argentinos en y desde el mar.

Desde aquel 1° de diciembre de 1878 y hasta nuestros días, la participación en operativos internacionales, Misiones de Paz, operaciones de búsqueda y rescate, vigilancia de nuestros espacios marítimos y apoyo a la actividad antártica, han permitido trasladar de generación en generación, un espíritu de buque que solo se consolida en el mar.

Hoy podemos decir que los valores que la han caracterizado desde su origen, siguen intactos, fundados en los liderazgos de los comandantes de las unidades, el compromiso de sus tripulaciones y la capacidad de reinventarse a diario, sin importar las limitaciones, recreando una organización con estricta gestión profesional y una irrevocable pasión por defender a la Patria

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